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Wonderstruck. El museo de las maravillas

viernes, enero 05, 2018 María Reinoso García 0 Comments

Hacía dos años que no teníamos la oportunidad de ver una obra de Todd Haynes en la gran pantalla. Con Carol, el largometraje protagonizado por Cate Blanchett y Rooney Mara, se convirtió en uno de los directores favoritos entre los amantes cinematográficos, por lo que había muchas expectativas para su último estreno: Wonderstruck

Wonderstruck. El museo de las maravillas cuenta dos historias. Por un lado tenemos a Ben (Oakes Fegley), un niño de los setenta que acaba de perder a su madre en un accidente de coche. Una serie de eventos desafortunados harán que el pequeño se encuentre en la calle en busca de lo poco que le queda de familia. Cincuenta años antes, durante la década de los veinte, seguimos a Rose (Millicent Simmonds). Rose es una pequeña niña sorda que vive en una mansión con un padre que la maltrata. Siguiendo la máxima de Ben, se irá hasta Nueva York, donde vive su exitosa madre (interpretada por Julianne Moore). Los dos niños buscarán en Nueva York no solo a una familia en la que confiar, sino también su nuevo hogar, apartado del daño del pasado.

Ambas historias se van entrelazando a lo largo de la película, alternando el blanco y negro con un color lleno de contrastes, hasta que la línea argumental llega a su fin con la unión de las dos tramas.

El argumento de la película es bastante simple en líneas generales. A grandes rasgos, lo que he mencionado más arriba es todo lo que ocurre en la película (detalles de cada personaje a un lado). Wonderstruck no brilla precisamente por la complejidad del guion, pero a menudo este no es lo más importante de la cinta.

En la cinta guionizada por el autor Brian Selznick se intenta visibilizar la discapacidad en niños (en este caso la sordera), los retos a los que se enfrentan, la incomprensión del entorno pero también la evolución de una época a otra en este sentido, y, sobre todo cómo pueden adaptarse a su propia situación.


Para narrar la línea argumental de Rose, Haynes recurre a las semejanzas con el cine mudo (aprovechando que la madre de la joven es una gran actriz). Las actuaciones exageradas y el despliegue visual en los momentos de blanco y negro hacenque te involucres con mayor facilidad en la vida de la pequeña niña que viaja a Nueva york con poco más de unas monedas. Cabe destacar que quien interpreta a Rose, Millicent Simmonds, es también sorda casi desde nacimiento.

Es en arcos como este en el que te das cuenta de la calidad interpretativa que albergan ciertas personas. No solamente encuentran muchas más piedras en el camino que un niño sano en su profesión, sino que además logran transmitir de forma magistral todas las sensaciones de sus personajes sin decir nada.


Sin embargo, a pesar de las grandes actuaciones del reparto (algunas más brillantes que otras) y de las reivindicaciones implícitas en la narrativa de la obra, Wonderstruck. El museo de las maravillas te deja con una sensación de frialdad difícil de dejar atrás. El problema no es que no guste, es que no lo hace lo suficiente.

Terminada la obra de Haynes, da la sensación de que todo lo mencionado más arriba pasa a un segundo plano para dar lugar a la nada. Al contrario que ocurriese con Carol, el nuevo largometraje del director no se queda contigo, no planta una semilla en el espectador para mantenerla en su memoria. 


En general, Wonderstruck. El museo de las maravillas entretiene al público más afín a las cintas de corte dramático, ya que la parte muda puede hacerla algo más pesada, aunque no logra que el espectador se identifique con la película ni se enamore de ella más allá del aspecto fotográfico. Se convierte en una de las pocas obras que visibilizan los problemas en los niños e intenta transmitir el mensaje mediante argumento y ejecución, lo cual es valorable de forma positiva.


María Reinoso

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